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Acantilados dorados, calas escondidas y arenales donde caminar sin mirar el reloj. Recorremos las mejores playas del Algarve en una selección que combina paisajes espectaculares y consejos prácticos. Te contamos cómo llegar, dónde alojarte y qué debes tener en cuenta para disfrutarlas, desde los accesos y las mareas hasta los cambios que conviene conocer antes de preparar tu próxima escapada
El Algarve es, junto con Lisboa y Oporto, el gran escaparate turístico de Portugal. Y eso tiene su peaje. La masificación le ha restado parte de la autenticidad que tanto nos gusta de otras zonas menos visitadas del país vecino, mientras que la fuerte demanda internacional, especialmente británica, ha venido acompañada de precios más elevados. Pero sería injusto quedarse solo con esos inconvenientes. El Algarve conserva mucho encanto, especialmente fuera del verano, cuando baja el ritmo y resulta más sencillo disfrutarlo sin agobios. También guarda rincones menos populares donde reencontrarse con esa Portugal de verdad que nos enamora: pueblos marineros, pequeñas tascas y calas alejadas del bullicio. Porque hay algo incuestionable: aquí están algunas de las mejores playas de Portugal.
Cómo llegar al Algarve y dónde alojarse
Poner rumbo al Algarve en coche resulta especialmente sencillo desde el suroeste de España: Sevilla, Huelva y el paso fronterizo de Ayamonte dejan el viaje bien encaminado. Una vez cruzado el Guadiana, la A22 permite desplazarse hacia el oeste sin atravesar todas las localidades costeras. Y aquí llega la buena noticia: desde el 1 de enero de 2025 ya no se pagan peajes en la A22. No hace falta registrar la matrícula ni contratar un sistema de pago por circular únicamente por esta autovía. Otras carreteras portuguesas mantienen sus peajes, así que conviene leer nuestra guía sobre cómo pagar los peajes de Portugal al ampliar la ruta.
El aeropuerto de Faro es la alternativa para quienes llegan en avión, con distintas compañías de alquiler de coches disponibles. Para enlazar varias playas, nosotros priorizaríamos disponer de vehículo: permite cambiar de plan y alejarse de los núcleos urbanos. Compararía el precio final, la franquicia y las condiciones de recogida, no únicamente la tarifa que aparece primero. En verano también reservaría margen para aparcar, sin contar con encontrar sitio junto a cada acceso.
Para alojarse, el entorno de Burgau nos parece una buena elección. Es una base que recomendaríamos para combinar Lagos con las playas de Vila do Bispo y Sagres; no tanto para recorrer diariamente el extremo oriental del Algarve. La idea es tener un lugar agradable al que regresar, no pasarse las vacaciones haciendo kilómetros.
Una estupenda opción es el Salema Beach Hotel, anteriormente Hotel Residencial Salema. Está junto a la playa. Lo interesante es combinar la cercanía al mar con un hotel sencillo. Para conseguir una tarifa razonable, compararía fechas fuera de julio y agosto y comprobaría si el precio incluye desayuno, cancelación y posibles tasas.
Como alternativa para contener el presupuesto, el Hotel Mar Azul, en el centro de Lagos, ofrece habitaciones sencillas y una ubicación práctica para salir a cenar andando. Las opiniones valoran especialmente la situación y la relación calidad-precio, aunque también señalan instalaciones modestas. Revisaría la habitación y la accesibilidad: no es el alojamiento indicado para quien espera un resort o necesita prescindir de las escaleras.
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Las diez mejores playas del Algarve
Elegir solamente diez playas obliga a dejar fuera muchos rincones que merecen la pena. Aquí hay calas para recrearse con el paisaje, playas urbanas muy cómodas y arenales para caminar. No todas sirven para el mismo plan, ni lucen igual con cualquier marea. La idea es ayudarte a escoger, no convertir las vacaciones en una carrera contrarreloj para tachar nombres.
Praia de Dona Ana, Lagos
Dona Ana conserva el primer puesto por un motivo muy sencillo: reúne casi todo lo que imaginamos cuando pensamos en las mejores playas del Algarve. La arena dorada queda recogida entre paredes rocosas y pequeños islotes, mientras el agua cambia de color según la luz. Desde arriba se entiende perfectamente su fama. Abajo, con el mar tranquilo, apetece quedarse mirando esas rocas antes incluso de extender la toalla.

No es, sin embargo, una cala secreta. Está en Lagos y recibe muchas visitas, por lo que intentaría ir temprano, especialmente en pleno verano. El acceso se hace por escaleras, un detalle importante cuando viajas con carrito infantil, mucho equipaje o movilidad reducida. Tener alojamientos y servicios en los alrededores no elimina ese desnivel. Tampoco conviene dar por hecho que habrá aparcamiento disponible al llegar.
Nuestro consejo es dedicarle tiempo, no limitarse a bajar para hacer la fotografía de rigor. Con buenas condiciones de baño puedes llevar unas gafas para observar el fondo, pero sin aproximarte a pasos entre rocas ni alejarte de la zona vigilada. Para completar la visita, reservaría también un rato para Lagos: callejear, comer algo y regresar a la costa cuando la luz de la tarde empieza a suavizarse. Me parece un plan bastante más apetecible que intentar encadenar cinco playas en una mañana.
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Praia da Figueira, Vila do Bispo
Figueira es el contrapunto perfecto a las playas urbanas. Aquí no manda un paseo marítimo, sino un pequeño valle que desemboca entre acantilados. Nos parece una elección especialmente atractiva para quienes valoran el entorno natural por encima de las comodidades. También para recordar que el Algarve tiene rincones mucho más discretos que las calas que aparecen continuamente en las redes sociales. Su atractivo está precisamente en ese paisaje sin grandes construcciones alrededor.
Está en el municipio de Vila do Bispo, cerca del pueblo de Figueira. Desde la zona donde se deja el coche hay que recorrer aproximadamente 800 metros por un sendero, una caminata de unos diez o quince minutos según el ritmo. El camino forma parte del atractivo, pero conviene llevar calzado adecuado y comprobar su estado, especialmente después de lluvias. No cargaría con más cosas de las necesarias: luego hay que volver con ellas.

Al llegar encontrarás una playa sin la infraestructura habitual de los grandes arenales. Hay que contar con la ausencia de socorristas y llevar agua, comida y protección solar. Eso no la convierte en un lugar para improvisar un baño con mala mar. Precisamente porque es un entorno menos equipado, sería especialmente prudente. Tampoco prometería soledad absoluta en agosto: la recompensa es su paisaje poco urbanizado, no una garantía de tener la playa entera para ti.
Praia dos Três Irmãos, Alvor
En el extremo oriental de la gran franja de arena de Alvor aparece Três Irmãos, una playa que permite escoger entre dos ambientes sin cambiar de zona. Hacia poniente se abre el arenal, amplio y agradable para caminar. Hacia levante empiezan las rocas, los entrantes y las pequeñas calas que hacen especialmente fotogénico este rincón. Para mí, ese contraste es su mayor virtud: no hay que elegir entre espacio y paisaje.

El sector rocoso merece una visita pausada, mirando cómo la erosión ha ido dibujando huecos y formas caprichosas. Con marea baja pueden quedar accesibles pasos hacia la vecina Prainha, pero no conviene tratar esos recorridos como un paseo asegurado a cualquier hora. Hay que comprobar la marea, el oleaje y la señalización, y conservar siempre una salida segura. Un hueco entre dos rocas puede desaparecer bajo el agua cuando el mar sube.
Para pasar el día, escogería la zona más abierta y dejaría las pequeñas calas para observar el paisaje cuando las condiciones lo permitan. Los tonos de la piedra y el azul del agua hacen que resulte difícil guardar la cámara, aunque también merece la pena olvidarse de ella. Al aparcar, utiliza las zonas autorizadas y sigue los caminos públicos, sin depender de atravesar instalaciones privadas. Es una playa que encaja bien tanto en una jornada tranquila como en un paseo al atardecer, sin necesidad de contratar ninguna actividad.
Praia da Marinha, Lagoa
La playa da Marinha, en Lagoa, merece el puesto por méritos propios. Sus acantilados recortados, los islotes y el conocido doble arco de roca forman uno de esos paisajes que apetece contemplar sin prisas. Aquí dedicaría un rato a las vistas desde los senderos habilitados antes de buscar un hueco en la arena. Es una playa para disfrutar tanto desde arriba como junto al agua.
Para bajar hay escaleras y, con la marea alta, el espacio disponible se reduce. Conviene llegar temprano y no improvisar aparcamiento en cunetas o entradas privadas. Tampoco hay que acercarse al borde del acantilado para conseguir la famosa fotografía del corazón: ninguna perspectiva compensa ponerse en peligro. La belleza de Marinha se aprecia de sobra desde lugares seguros.

Además, aquí está uno de los extremos del recorrido de los Sete Vales Suspensos, que enlaza con Vale de Centeanes. Puedes combinar playa y un tramo del sendero, llevando agua, calzado adecuado y evitando las horas de más calor. No hace falta completar toda la ruta para llevarse una buena impresión del paisaje.
Praia da Mareta, Sagres
En Sagres, Mareta cambia el tono del viaje. Sigue habiendo arena clara y acantilados, pero el paisaje resulta más abierto y se siente cerca ese extremo de Portugal que invita a mirar hacia el océano. Es una buena playa para combinar un baño con la visita al pueblo, sin organizar una excursión complicada ni dedicar media jornada a buscar el acceso. Su proximidad a Sagres es una ventaja evidente.

Su bahía queda delimitada por los acantilados y la Ponta de Sagres, que ofrece abrigo frente a determinados vientos. Ese resguardo no significa que el agua esté siempre quieta ni que el baño sea adecuado todos los días. La dirección del viento y el estado del mar importan más que cualquier descripción bonita. Antes de entrar, mira las banderas y atiende las indicaciones de los socorristas.
A diferencia de Figueira, aquí tienes restaurantes y servicios próximos. También bastante ambiente durante el verano, de modo que conviene abandonar la idea de encontrar necesariamente una playa vacía por estar en Sagres. Me parece una elección cómoda para alternar arena, paseo y una comida tranquila. Reservaría tiempo para sentarme a mirar el mar sin más obligaciones. No todos los días de vacaciones tienen que acabar con una lista de visitas completada, y este es un buen lugar para recordar algo tan sencillo.
Praia dos Três Castelos, Portimão
Três Castelos demuestra que no hace falta alejarse mucho de una ciudad para encontrar un litoral espectacular. Está inmediatamente al oeste de Praia da Rocha, en Portimão, pero las grandes formaciones rocosas le dan una personalidad diferente. El nombre ya invita a buscar esas torres naturales, aunque lo que más me gusta es el conjunto: arena, paredes de tonos cálidos y rocas aisladas sobre el agua.
Se puede bajar por las escaleras del mirador de Três Castelos. Antes de hacerlo, merece la pena detenerse arriba para entender la forma de la costa y escoger la zona donde instalarse. Los pasos por la arena hacia playas vecinas dependen de las condiciones del mar; no sustituiríamos un acceso señalizado por un atajo entre rocas simplemente porque otras personas lo estén utilizando. Las vistas desde el mirador ya justifican la parada.

Aquí hay una tentación que debemos evitar: buscar sombra pegándonos a los acantilados. Esas paredes pueden sufrir desprendimientos y la zona situada a sus pies no es un refugio seguro. Lleva sombrilla y respeta las franjas de riesgo y los avisos. Con esa precaución, Três Castelos permite disfrutar de una playa muy vistosa sin renunciar a los servicios de Portimão. La elegiría para una tarde de baño y paseo, más que para perseguir una soledad que no corresponde a su ubicación.
Praia da Rocha, Portimão
Praia da Rocha es la más urbana de esta selección y no vamos a disfrazarla de playa virgen. Hay edificios, hoteles, restaurantes y mucha actividad alrededor. Aun así, sería injusto descartarla solo por eso. Su enorme superficie de arena y el paisaje rocoso de los extremos justifican la visita, especialmente para quienes quieren una jornada de playa con las comodidades a mano y sin complicarse demasiado.

El arenal supera el kilómetro de longitud y cuenta con pasarelas y numerosos servicios. Desde el paseo superior se obtiene una perspectiva que permite apreciar su tamaño, algo que las fotografías tomadas a ras de arena no siempre transmiten. Nosotros empezaríamos por ese paseo antes de bajar: ayuda a hacerse una idea del lugar y a decidir dónde apetece quedarse, en vez de instalarse automáticamente junto a la primera entrada.
No es el sitio que escogeríamos para leer en silencio un domingo de agosto, pero sí para ir con un grupo en el que cada uno busca algo distinto. Mientras unos pasean, otros pueden quedarse cerca de los servicios o sentarse a tomar algo. Al elegir alojamiento por esta zona, habría que mirar también las opiniones sobre el ruido nocturno. Y para bajar a la playa, hay que comprobar cuál es el acceso más adecuado: un arenal amplio no significa que todas sus entradas estén libres de escaleras.
Meia Praia, Lagos
El nombre puede despistar: Meia Praia no es precisamente una playa pequeña. Al este de Lagos se extiende una franja de arena de más de cuatro kilómetros, acompañada por dunas y un horizonte mucho más abierto que el de Dona Ana. Aquí cambia la escala. En lugar de escoger una cala entre paredes rocosas, lo que apetece es echar a andar junto al agua y dejar que el paseo se alargue.

Es una alternativa que recomendamos a quienes dan prioridad al espacio. Los sectores próximos a los accesos concentran más visitantes y servicios, mientras que caminar permite buscar un ambiente diferente. Eso sí, conviene instalarse en una zona vigilada cuando el plan incluya bañarse. La amplitud del arenal tampoco lo protege del viento, así que no daría por hecho que siempre será la opción más cómoda para pasar horas tumbado.
Hay un detalle geográfico importante: Meia Praia y la playa de Alvor no forman un paseo continuo por la orilla. Entre ambas está la desembocadura de la ría de Alvor. No se debe intentar cruzarla andando ni nadando para ahorrar un desplazamiento. Para llegar a Alvor hay que rodear por tierra. Disfruta de las dunas desde los accesos y pasarelas habilitados, sin abrir nuevos caminos: forman parte del paisaje que hace especial este tramo de costa.
Praia de Alvor, Alvor
Alvor merece su propio puesto, aunque comparta con Três Irmãos la continuidad de un gran arenal. Aquí pondríamos el foco en otro atractivo: la combinación de playa, dunas y estuario. Es una elección estupenda para quienes no entienden unas vacaciones junto al mar como pasar todas las horas en la toalla. También para cambiar de paisaje sin multiplicar los kilómetros en coche ni organizar una excursión diferente cada día.

La red de pasarelas permite recorrer el sistema dunar y acercarse a distintos ambientes de la ría, con zonas de descanso y miradores. En el estuario encuentran refugio numerosas aves, así que merece la pena llevar prismáticos o simplemente detenerse a observar. El paseo tiene interés por sí mismo, incluso en un día poco apetecible para el baño. Lo importante es mantenerse en los caminos habilitados y no invadir las dunas para buscar un supuesto atajo.
Para combinarlo con playa, se puede escoger un acceso cómodo y reservar parte del día para el pueblo de Alvor. Sus calles y la zona próxima a la ría ayudan a completar una jornada sin prisas. Puedes comer allí y volver después a caminar, cuando el calor afloje. No hace falta plantearse recorrer toda la red de pasarelas ni buscar la fotografía perfecta del atardecer: un tramo corto, el olor del mar y tiempo para mirar suelen ser una combinación más que suficiente.
Praia de Porto de Mós, Lagos
Porto de Mós combina dos cualidades que no siempre coinciden: un entorno de acantilados muy atractivo y espacio para plantearse una jornada larga. Está en Lagos y tiene un arenal amplio, aunque eso no la convierte en una playa desconocida. Nos parece una alternativa equilibrada para quienes disfrutan del paisaje rocoso del Algarve, pero no quieren depender de una cala pequeña donde apenas queda sitio al subir la marea.

Tener restaurantes junto a la playa facilita organizar el día sin cargar con todo desde primera hora. Entre las opciones para comer está Campimar, situado frente al mar. Aun así, hay que reservar con antelación en fechas concurridas o preguntaría al llegar, en vez de dar por hecho que siempre habrá mesa disponible. La comodidad de poder pasar de la toalla a una comida tranquila es parte del atractivo de Porto de Mós.
En cuanto al baño, no conviene presentarla como una playa de agua especialmente cálida ni permanentemente tranquila. El viento y el oleaje pueden cambiar la experiencia. Para pasear, aprovecha el espacio abierto del arenal y no fuerces el paso junto a las rocas de los extremos cuando suba el agua. Recomendamos reservar un rato para contemplar el contraste entre las paredes claras y el mar, antes de sentarme en una terraza con vistas.



