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Olvidada durante siglos, pero con una de las ciudadelas medievales más interesantes de la península ibérica, Bragança es una de las sorpresas desconocidas del norte de Portugal. No tiene la monumentalidad de otras grandes ciudades lusas, pero posee uno de los castillos más bellos del país, uno de los pocos ejemplos de arquitectura civil románica que han llegado hasta nuestros días y un entorno natural privilegiado gracias al parque natural de Montesinho
El aislamiento histórico que ha sufrido la región de Tras-os-Montes, en el norte de Portugal, es la explicación de que todos los municipios que la componen hayan sabido conservar casi intactas algunas de sus tradiciones más arraigadas. Es un viaje a la esencia de Portugal. A la autenticidad de unas gentes, que lejos de frustrarse o tirar la toalla, lucharon contra viento y marea para salir adelante. Esos golpes sufridos como el cierre con nocturnidad de la línea ferroviaria del Túa que conectaba Bragança con Mirandela y el Douro, no agriaron el carácter de los trasmontanos. Más bien todo lo contrario. El viajero que pista esta región se encuentra con una hospitalidad desbordante. Te hacen sentir como en casa y eso no es algo que suceda habitualmente.

Una buena forma de tomar contacto con Tras-os-Montes es empezar por su capital histórica, Bragança. Nosotros hemos visitado esta ciudad en tres ocasiones, y no deja de cautivarnos por su cuidada ciudadela medieval, pero también por un entorno natural privilegiado como es el del parque de Montesinho.
Bragança es una de las ciudades más antiguas de Portugal. Los celtas ya levantaron en esa misma ubicación la población de Bragantia y los romanos la transformaron en Juliobriga. Su ubicación estratégica junto a la frontera hizo que el primer rey de Portugal, Afonso Henriques, la amurallara y creara la ciudadela que hoy se conserva magníficamente. Aquí con Juan I surgió la dinastía que reinó el país entre 1640 hasta la disolución de la monarquía en 1910. Eso sí, ninguno de los reyes de la casa Bragança tuvo vínculo con esta ciudad. Las Guerras Napoleónicas fueron el último episodio histórico donde esta plaza fue relevante. Después llegó el ocaso, aunque en los últimos años Bragança ha emergido como una ciudad moderna, con una importante actividad económica, con una extraordinaria calidad de vida y con una oferta museística envidiable.
Cómo llegar a Bragança
🚗 En coche. Bragança se encuentra a menos de hora y media de Zamora y a dos horas de Salamanca. En ambos casos hay que viajar por la carretera N-122, bastante incómoda por su densidad de tráfico. El proyecto para convertirla en autovía lleva años esperando. Desde Ourense también hay dos horas de viaje, pero tampoco se puede hacer enteramente por autovía. Esa deficiente comunicación con España contrasta con la mejora de la conexión entre Bragança y Oporto que, gracias a la obra faraónica de la autovía A4 es posible realizar el viaje en poco más de dos horas. Y decimos faraónica porque fue necesario construir el túnel de Marão, de 5,8 kilómetros. Es el más largo de Portugal y el tercero más largo de la península ibérica.
🚌 En autobús. Bragança cuenta con una moderna estación de autobuses con numerosos servicios para conectarla con otras ciudades lusas. Por ejemplo, a Oporto hay autobuses diarios operados por Rodonorte y Rede Expressos que tardan tres horas. A Lisboa hay tres servicios semanales y a Braga un autobús diario.
✈️ En avión. Bragança cuenta con un aeródromo donde opera la compañía Sevenair que ofrece conexiones con Viseu, Vila Real, Cascais y Portimão.
¿Dónde alojarse en Bragança?
La ciudad de Bragança posee una amplia oferta hotelera que ha crecido en los últimos años a raíz de haberse situado como un destino turístico muy interesante, especialmente entre el público español. Nosotros hemos visitado Bragança en tres ocasiones, dos de ellas de paso y una tercera pernoctando en el hotel Santa Apolonia. Está situado fuera de la zona histórica, al suroeste de la ciudad, y por lo tanto hay que desplazarse a ella en coche. Sin embargo, tiene un precio muy económico, unas instalaciones modernas y limpias y el trato es muy cercano y agradable.

El desayuno era correcto y tiene aparcamiento. Es ideal para visitar no solo la ciudad sino todo su entorno ya que resulta más cómodo moverse en coche desde allí. Aunque ya han pasado varios años desde que pasamos por este hotel, hemos visto en los comentarios más recientes que la experiencia de los clientes sigue siendo muy buena y por eso lo recomendamos.
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Qué ver en Bragança. Los imprescindibles
Bragança es una ciudad que se puede ver perfectamente en un día largo. Lo ideal es dedicarle más tiempo para poder escaparse a alguno de los puntos más atractivos del parque natural de Montesinho. Y si además estamos interesados en visitar uno o varios de sus museos no hay que tener reparos en dedicarle tres días al completo. Estas son nuestras propuestas fruto de los tres viajes que hemos hecho a territorio bragançano.
Ciudadela
El recinto amurallado de Bragança es sin duda su mayor atractivo. Una muralla levantada en el siglo XII con dos metros de grosor y 15 cubos por donde se puede pasear para obtener una perspectiva muy atractiva de esa ciudad antigua. Su principal grandeza es que la gente sigue viviendo en el entramado de callejuelas que la componen. No es un escenario de cartón piedra, sino un espacio vivo donde conviven los residentes de toda la vida, algunos alojamientos turísticos, las tiendas, y museos como el de la máscara y el traje del que más adelante hablaremos.

Castillo de Bragança
Es uno de los castillos más majestuosos que se pueden visitar en Portugal. Para nosotros es sin duda el más espectacular de todo el país por una imponente torre del homenaje de 33 metros de altura. El origen del castillo se sitúa en el siglo XII durante el reinado de Sancho I, fue mejorado en el siglo XV y se sometió a una profunda restauración en la década de 1930. El interior de la torre del homenaje acoge un museo militar muy completo que recorre la historia de Portugal y la de sus colonias. No siempre se abre al público la terraza exterior de esta torre, nosotros la segunda vez que subimos tuvimos la suerte de pisarla y contemplar desde allí unas vistas formidables de toda la ciudad.

Iglesia de Santa María
A los pies del castillo se encuentra esta iglesia del siglo XVI donde destaca su portada salomónica (que suele estar cerrada, se accede por un lateral) a un interesante interior con columnas mudéjares de ladrillo, techumbres pintadas y una provocadora para la época figura de María Magdalena del siglo XVII sobre el altar mayor.

Junto a su portada, justo enfrente de la Taberna do Javali, se obtiene una de las imágenes más fotogénicas de Bragança que podéis ver debajo de estas líneas que aúna la belleza del exterior del templo con la torre del homenaje del castillo.

Domus Municipalis
Sin duda la construcción más singular que ver en Bragança. La Domus Municipalis presume de ser el ayuntamiento más antiguo de Portugal y uno de los pocos ejemplos de arquitectura civil románica que ha llegado hasta nuestros días en la península ibérica. Iglesias de este estilo arquitectónico se conservan muchas, pero construcciones civiles se pueden contar con los dedos de una mano. Tiene forma pentagonal, dentro únicamente posee una bancada corrida y una cisterna. Se ha hablado incluso de que también pudiera haberse utilizado como albergue o simplemente como aljibe, pero la hipótesis más respaldada es su función de sede del concejo o ayuntamiento.

Museu Ibérico da Máscara e do Traje
Una de las tradiciones más arraigadas de la región de Tras-os-Montes, sino la que más, es la de las mascaradas de invierno. Numerosas localidades conservan esas fiestas paganas que celebraban el solsticio y el carnaval y que también se pueden ver en España, especialmente en la provincia de Zamora. Este museo alberga una amplia y colorida colección de máscaras y trajes típicos tanto de Portugal como de España para adentrarse en esta magnífica tradición con la que no pudo ni la mismísima Iglesia. El museo es pequeño, pero consta de tres plantas.

Sé de Bragança
Salimos de la Ciudadela para poner rumbo al casco histórico de la ciudad baja donde tenemos un buen puñado de iglesias y museos muy interesantes. Empezamos por la Sé, antigua catedral de Bragança que preside la animada plaza del mismo nombre. No parece una catedral porque es un templo pequeño donde únicamente destacan la pinturas, cajoneras y tallas que hay en la sacristía. Actualmente no tiene la categoría de catedral porque se construyó otra más moderna en el oeste de la ciudad, la iglesia de Nossa Senhora da Rainha.

Iglesia de São Vicente
Iglesia románica reconstruida en el siglo XVII, su interés radica en que es uno de los escenarios principales de la historia de amor más famosa de Portugal, la del rey Pedro I y la dama de compañía, la gallega Inés de Castro. Aquí se dice que se casaron en secreto. Luego el padre de Pedro, el rey Alfonso IV, ordenó matarla y cuando el primero llegó al poder dijo que se habían casado en secreto en Bragança para elevarla a la categoría de reina y con estos honores reposan uno frente al otro en el majestuoso monasterio de Alcobaça. La iglesia es rica en talla dorada y en la fachada tiene un panel de azulejos que muestra una batalla contra los franceses.

Iglesia de São Bento
La iglesia más atractiva que ver en Bragança, posee una portada renacentista de piedra, un maravilloso trampantojo en la cubierta de la nave y un techo taraceado de estilo árabe sobre el presbiterio.
Museo do Abade de Baçal
Está considerado uno de los mejores museos regionales de Portugal. Hace un repaso de la historia de Bragança desde los celtas y los romanos hasta la actualidad. Y lo mejor es que se ubica en un bonito palacio obispal del siglo XVIII. Entre sus piezas destacan unos cerdos de piedra de la Edad del Hierro y las obras de la pintora naturalista Aurelia de Sousa.
Centro de Arte Contemporânea Graça Morais
Otro buen ejemplo de la oferte museística de Bragança, en este caso fruto de la cooperación transfronteriza entre España y Portugal. Posee una colección permanente de retratos de los vecinos de Tras-os-Montes firmados por la autora local Graça Morais. El museo también alberga muestras temporales y merece la pena detenerse a tomar un café en su bonito patio.

Marron Oficina da Castanha
Entre los planes más sabrosos que hacer en Bragança, recomendamos una parada en Marron Oficina da Castanha, donde la castaña es la protagonista absoluta. Este negocio familiar abrió en 2019 y reúne tienda, cafetería y un pequeño museo. Su centro interpretativo permite conocer el cultivo y la transformación de este fruto mediante paneles y contenidos interactivos. También alberga una curiosa colección de asadores de castañas, testimonio de una tradición que aquí se toma muy en serio. La visita se completa con una degustación de licores y dulces de castaña, una buena manera de descubrir que sus posibilidades van mucho más allá del cucurucho otoñal.
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Corredor verde del río Fervença
Aunque posteriormente hablaremos de los atractivos paisajísticos que tiene el entorno de Bragança gracias al parque de Montesinho, sin moverse de la propia ciudad podemos adentrarnos en la naturaleza gracias al corredor verde del río Fervença. Se trata de un itinerario que alterna senderos, pasarelas y el paso por algunos parques que va en paralelo al curso del río Fervença. Un paseo muy agradable que tiene como punto álgido el Centro Ciência Viva de Bragança, un espacio interactivo recomendado especialmente para los más pequeños donde acercarse a la ciencia y la sensibilización ambiental de una forma muy interactiva y divertida.

Miradores de la carretera N217
Tomando la carretera N217 que parte al este de la ciudad (dejando a la izquierda la Pousada Bragança) se va cogiendo altura dejando atrás la Ciudadela y el Castillo. Hay varios puntos para estacionar el vehículo junto a la vía y captar desde allí unas bonitas instantáneas casi a vista de pájaro de esa zona de la ciudad. Nosotros fuimos al atardecer y la estampa era magnífica.

Monasterio de Castro de Avelãs
A diez minutos al este de Bragança se encuentra monasterio de Castro de Avelãs. Es una de las joyas más singulares del patrimonio de la región. Fue un poderoso monasterio benedictino que, desde el siglo XII, contribuyó al poblamiento de estas tierras y acogió a peregrinos que viajaban a Santiago de Compostela. Aunque gran parte del conjunto desapareció, conserva una magnífica cabecera románica con influencias mudéjares: tres ábsides semicirculares de ladrillo decorados con arquerías ciegas.

Aeródromo de Bragança
El aeródromo de Bragança del que hablábamos al comienzo del post por sus vuelos internos con otros puntos del país, cuenta con una actividad muy singular que nosotros realizamos en el tercer viaje que hicimos a este municipio. Se trata de un paseo en avioneta para divisar desde las alturas la propia ciudad de Bragança, el embalse del Azibo y parte del parque natural de Montesinho. El aparato tiene cuatro plazas y, aunque el principio impone, rápidamente se empieza a gozar de lo lindo con la experiencia. Aquí tienes toda la información para contratar esta actividad que además tiene un fin solidario ya que parte del coste del vuelo se destina a organizaciones sociales del municipio.

Parque natural de Montesinho
Que la región de Tras-os-Montes estuviera durante tanto tiempo ‘dejada de la mano de Dios’ por los gobernantes de Portugal permitió, por un lado, que se mantuvieran muchas de sus tradiciones y un espacio natural tan singular y bello como es el parque de Montesinho. Y, por otro, que en algunas de sus aldeas se instaurasen sistemas de organización comunales que, en el caso de Rio de Onor, han llegado hasta nuestros días. Montesinho es un viaje en el tiempo. Uno de esos enclaves donde, sin tener que dar razones para ello, te sientes bien. Te sientes relajado, calmado, tranquilo, conectando con la naturaleza y con aldeas donde te reciben con una sonrisa, con un puñado de cerezas recién cortadas o con la invitación a coger peras de un árbol “porque sus dueños viven en Lisboa y no las recolectan”. Diríamos que Montesinho es una visita imprescindible en Portugal. Imprescindible y muy recomendable. No hace falta decir más.

Senderismo en Montesinho
Durante nuestro segundo viaja a Bragança donde dedicamos tiempo a recorrer el parque natural de Montesinho hicimos tres de las ruta de senderismo más atractivas que tiene el parque.
🥾 PR3-BGC Porto Furado. Ruta circular de poco más de 8 kilómetros sin apenas dificultad que parte de la aldea de Montesinho. Primero transita entre castaños con la vista puesta en las cumbres graníticas del parque natural para después ganar protagonismo los robles y el matorral bajo. Entre algunos molinos de viento y casi tocando la frontera con España, llegamos hasta el embalse de Serra Serrada para iniciar el tramo más bello de la ruta entre una frondosa vegetación de ribera.

🥾 PR11-BGC Ruta de Rio de Onor. Nos vamos en este caso a la aldea de Rio de Onor para hacer esta ruta circular de solo 7 kilómetros y de dificultad baja. Se puede dejar el vehículo en el aparcamiento que hay junto a la zona de estacionamiento de caravanas para empezar a caminar por la carretera y dejarla posteriormente para tomar un sendero que parte a la izquierda. Llegamos a un roble rebollo centenario de 23 metros para posteriormente tomar el camino que va en paralelo al río de Onor y llegar al pueblo para hacer un pequeño recorrido por sus calles.

🥾 PR12-BGC Rota dos Cervídeos. Nos vamos en último lugar a una de las aldeas más auténticas y aisladas del parque natural de Montesinho, Guadramil. Allí parte esta ruta circular también muy cómoda y de 8,8 kilómetros que entre anchas pistas se adentra en un paisaje de repoblación forestal donde es posible ver ciervos y venados, especialmente a finales de septiembre y octubre en la época de la berrea. Nosotros pudimos ver alguno a lo lejos.

Aldea de Montesinho
Una carretera de montaña que parte al norte de la ciudad de Bragança conduce en una medida hora conduciendo hasta la aldea de Montesinho, corazón del parque natural del mismo nombre. Allí concluye la carretera y empiezan las cumbres graníticas que hacen frontera natural entre España y Portugal y que se prolongan entre parques eólicos hasta la comarca zamorana de Sanabria. Montesinho es una aldea detenida en el tiempo donde se han podido recuperar una parte importante de sus casas de pizarra. Algunas de ellas se han convertido en alojamiento turístico como la Casa da Edra, que además posee una pequeña tienda de miel y mermeladas artesanales donde hicimos acopio de algunos productos. Merece la pena recorrer con calma sus calles, hablar con los lugareños y, por supuesto, hacer la ruta de Porto Furado que explicamos anteriormente y en la que nosotros tuvimos acompañados por un perro que nos fue guiando de forma certera.

Rio de Onor
Otra bonita aldea del parque natural de Montesinho que tiene la particularidad de ser mitad portuguesa y mitad española (Rihonor de Castilla). Sin solución de continuidad la frontera se difumina ejemplo de que en algunos puntos de la Raya hay más vínculos con el país vecino que con el país propio. Otra curiosidad de Rio de Onor es que supo conservar un sistema de organización propio donde cada vecino aportaba su trabajo en beneficio de la comunidad. Incluso las infracciones se pagaban en vino con una curiosa vara de justicia donde, en función de la gravedad de la falta, el vecino tenía que aportar una cantidad u otra. Ese aislamiento también ha permitido que se conserve un dialecto propio, el rionorés. Es un placer pasear por sus calles y descender a pie de río y ver los antiguos lavaderos e incluso remojarse los pies si el calor aprieta.

Comer en Bragança
Tras-os-Montes es uno de los mejores destinos gastronómicos de todo Portugal. Es una tierra de productos de cercanía, de mucha calidad, raciones abundantes, trato cercano y amable y precios muy ajustados. No se puede pedir más. Estas son nuestras recomendaciones para comer, no solo en la ciudad de Bragança, sino también en los pueblos de su municipio. De todos ellos guardamos un recuerdo extraordinario.

🍽️ Restaurante Solar Bragançano (Praça da Sé 34, Bragança). En este restaurante no sabes si entras a comer o sentarse en una butaca en un salón de tarima con lámparas de araña y elegantes muebles a leer un buen libro mientras saboreas una taza de té. El Solar Bragançano es un lugar muy singular y el restaurante más representativo de Bragança y uno de los más populares de Tras-os-Montes. António Desidério y su esposa doña Ana comandan este negocio que ha recibido a personajes ilustres y que le dio con la misma puerta en las narices a los Reyes de España porque ya tenía todas sus mesas reservadas. Su especialidad es la carne de caza como el jabalí, la perdiz e incluso el faisán por encargo. Pero más allá de la comida lo que distingue este lugar es la experiencia sensorial que António resume en cuatro palabras: “vino, libros, silencio y comida”.

🍽️ Restaurante O Javali (Estrada Do Portelo, Km 5, Bragança). Al pie de la carretera que sale de Bragança en dirección al parque natural de Montesinho se encuentra este restaurante que posee también una pequeña taberna junto al castillo de la ciudad. Como su propio nombre indica la especialidad es el jabalí. Nosotros disfrutamos de un guiso donde la carne de este animal se deshacía, y la salsa era tan deliciosa que resultaba imposible dejar de mojar pan. También prepara otros platos con carne de caza y setas y destacan sus postres con castañas.

🍽️ Restaurante O Abel (Estrada N218. Gimonde. Bragança). Otro clásico de la región ubicado en el bonito pueblo de Gimonde, ubicado a diez minutos en coche de Bragança a orillas del río Sabor. Además de comprar el típico pan de Gimonde, es casi una obligación comer en este restaurante que los fines de semana tiene unas colas interminables (no admite reservas). Una vez que te apuntan, te entregan un dispositivo que vibra en el momento en el que la mesa está libre. Se puede aprovechar ese tiempo para pasear por el pueblo y asomarse a su bonito puente por donde pasa el Camino de Santiago portugués. La especialidad de O Abel es la posta de ternera mirandesa. Deliciosa, se deshace en la boca. De entrada pedimos una ‘alheira’ casera riquísima.

🍽️ Restaurante O Careto. (Estrada N30. Varge. Bragança). Otro restaurante muy auténtico ubicado en la aldea de Varge, a quince minutos al norte de Bragança. En O Careto no se complican, trabajan con carne de ternera y bacalao y en su menú de 30 euros incluyen en principio todo lo que quieras comer de estos platos, además de la guarnición, el postre y el café. Personalmente nos parece calidad-precio mucho mejor O Abel, pero O Careto ofrece una experiencia gastronómica muy singular que merece la pena disfrutar.




